domingo, mayo 17, 2009

Cristianando las Realidades: La Familia - I



En la familia principalmente cumple el laico su función magisterial. Los padres son los primeros educadores en la fe de sus hijos. Nadie puede reemplazarlos. También son los inspiradores natos de la santidad en ellos. Les conducen y alientan para alcanzarla.


En el hogar, pues, el seglar participa especial­mente de la triple misión magisterial, santificadora y real del sacerdote. «La familia es el área principal de la acción cristiana para los seglares, el lugar donde especialmente se ejercita vuestro "sacerdocio real"»[1].



Clave de bóveda


La primera realidad temporal es la familia. Clave de bóveda del mundo en un triple aspecto: ontoló­gico, cronológico y estratégico. Ontológico, pues es la «célula primera y vital de la sociedad», porque «el Creador del mundo estableció la sociedad conyugal como origen y fundamento de la sociedad huma­na»[2].


Es, además, «Iglesia en miniatura»... «al servicio de la edificación del Reino de Dios en la historia, por su participación en la vida y misión de la Igle­sia»[3]. Es la «Ecclesia domestica» del Vaticano II[4].


Estas afirmaciones, válidas siempre, tienen hoy más actualidad, pues vivimos en «una sociedad que corre el peligro de ser cada vez más despersonaliza­da y masificada, y, por tanto, inhumana y deshumanizadora». Es la familia la que «posee y comunica todavía hoy energías formidables, capaces de sacar al hombre del anonimato, de mantenerlo consciente de su dignidad personal, de enriquecerlo con profunda humanidad y de insertarlo activamente con su unicidad e irrepetibilidad en el tejido de la so­ciedad»[5].


La familia es también cronológicamente la pri­mera realidad temporal. Al nacer, el hombre se in­serta y vive sólo en ella. Las restantes estructuras profanas florecen a su sombra, viven de su savia. Anterior en el tiempo a todas, es manantial fecundo que las vivifica. «Sin la familia no hay hombres», decía Manjón, y veía en su desmoralización un obstáculo, y al mismo tiempo un impulso, para la fundación de sus Escuelas del Ave María[6].


La familia, por su valor estratégico, es la realidad temporal más importante. Cristianizada, la savia del Evangelio vivificará las otras estructuras profa­nas. «La futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica»[7].

La familia multiplicará los hijos de la Iglesia y poblará el mundo de almas consagradas. En su seno, brilla para muchos, con la estrella de la fe, la naciente vocación al sacerdocio o a la vida consa­grada. Razón tenía Margarita Sarto. En Riese, el futuro San Pío X le enseñaba complacido el anillo episcopal, regalo de León XIII, al nombrarle obis­po de Mantua. Su madre le muestra el anillo de su boda diciéndole: «No podrías llevar tú hoy ese ani­llo episcopal si primero yo no hubiese llevado este anillo nupcial».




P.Tomás Morales SJ (1908-1994)

Laicos en Marcha







[1] JUAN PABLO II, A los laicos (Limerick, 1-10-1979) 5.



[2] VATICANO II, Apostolicam actuositatem 11; JUAN PA­BLO II, Familiaris consortio 42.



[3] Familiaris consortio 49.



[4] Lumen gentium 11; Apostolicam actuositatem 11; JUAN PA­BLO II, Homilía de apertura VI Sínodo de Obispos (26-9-1980).



[5] Familiaris consortio 43.



[6] RICARDO VILLA-REAL, Andrés Manjón (Granada 1980) p.75.



[7] JUAN PABLO II, A la III Asamblea General del CELAM (28-1-1979); Familiaris consortio 52.

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